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12월 29일 CRONICAS DE UN NOSFERATU XXII24 de marzo de 1842 Despierto del letargo diurno, para enfrentarme a un papel en blanco. Tomo la pluma y comienzo a juntar palabras para construir una historia, un sentido, un sentimiento que pudiera transmitir al resto de los seres. Dada mi afición a la poesía de Rubayyat, heredada de mi madre, intento plasmar mis ideas e inquietudes por medio de ese genero, tan difícil de dominar. Siento el vértigo que da el comenzar sin rumbo, con un mundo por delante y una frontera de hojas blancas que a veces me impide el paso a mi propio interior. En un instante , Jeanne se convierte en mi musa. Y comienzan a brotar de mi pluma, torrentes de repollos con lazo, flores primaverales y brisas frescas. A veces otoño, a veces esperanza. Busco un estilo menos corriente y decido meterme en la piel de otro ser, para ver el mundo atraves de sus ojos. Y como un capricho del destino, aparece la inspiración. El chucho. Escribo: " Como cantan mis sobacos, cuan efluvio de vertedero. Tienen roña milenaria, como tragedias de Homero"
Me satisface el resultado. Y prosigo...
" Cuatro ojos tiene el puente, yo tengo tres solamente. Dos ojos para mirarte, y otro para hacer del vientre"
El pulgoso, me mira con los ojos abiertos como platos. Escribo:
" Con brillo oscuro en mis ojos, te digo sin pretensiones. Que me pican los piojos y también los sabañones"
Siento ganas de mostrar mi arte, lleno de sensibilidad poética, al mundo entero. 12월 27일 CRONICAS DE UN NOSFERATU XXIParis, 22 de marzo de 1842 Pasaron ocho años rutinarios, de los que no recuerdo grandes acontecimientos, salvo que mi relacción con Jeanne, sufría altibajos que nos llevaban a la euforia o a la desesperación. Creo que en ese espacio de tiempo aprendimos a comprender que a la maldición que sufriamos por nuestra naturaleza vampirica, se sumaba otra no menos importante. El amor. Y asi, paseo através del atardecer de la primavera parisina. Ausente en mis pensamientos, en el mundo interior en el que me refugiara, siempre que los cambios sustanciales en mi vida detenían el tiempo para obligarme a reflexionar. París sigue oliendo a libro viejo, a mercado en Bellville, a esbozos de nostalgia, y cafe crema. La brisa trae aromas que invitan a mirar la vida cara a cara, a percatarse de la existencia, al pensamiento profundo. Un hombre de aspecto bonachón, y un aire nostalgico de soldado viejo, camina hacia mi lentamente, como dejandose llevar por las limitaciones fisicas producto de la edad, y a las que su cuerpo se fué habituando paulatinamente hasta que casi hubiera olvidado su juventud. Miro hacia un lado y hacia otro. En el boulevard no hay ni un alma que pudiera ser testigo de mi desayuno. El hombre camina con la paciencia que da el saber que el destino no va a huir. Llega a mi altura y levantandose el sombrero con una elegancia sutíl. Me pregunta: - Disculpe mi atrevimiento, caballero. ¿Sería usted tan amable de indicarme donde se encuentra el restaurante más cercano? - Si, Monsieur. Es más , yo mismo me dirigia a comer algo en estos momentos. Si no le parece descabellada la idea, me gustaría invitarle a cenar. El anciano me dirige una mirada extraña, como si presagiara su destino. - Me resulta extraño, pero aun asi aceptaré compartir su mesa en calidad de invitado. - Me temo que no me ha entendido, monsieur- digo con mirada maliciosa- Esta usted invitado, pero en calidad de primer plato. Dicho esto, me abalanzo sobre él. Aquél hombre no da credito a lo que le está sucediendo y forcejea inutilmente, intentando aferrarse a la vida. De sus manos se desprende un libro antiguo, como una hoja en otoño. En la portada se puede leer. Rojo y negro, cronica del siglo XIX . Autor : Stendhal. Al dia siguiente, descubro un articulo en la prensa. " Henry Beyle, mas conocido como Stendhal, muere en plena calle, en la ciudad de Paris, a la edad de 59 años, victima de un ataque de apoplejía" Me dirijo a una tienda en boulevard Magenta. Adquiero una pluma y papel. Siento unas irrefrenables ganas de escribir. Creo que aún perduran. 12월 16일 CRONICAS DE UN NOSFERATU XX
Llegué a casa al anochecer, cansado, exhausto, decepcionado. El mentor me recibió con evidentes signos de preocupación. - ¿Se puede saber, dónde has pasado el día?- preguntó fuera de si- Estábamos preocupados... Le miré atónito. Me recordaba la actitud de mi padre cuando yo era jovenzuelo y solía llegar a casa a horas intempestivas. Él me hacía chantaje emocional poniendo a mi madre como excusa. El mentor ponía al chucho. Creo que eso fue el principio del surrealismo. Por un momento me imaginé al lobo secándose las manos en el delantal, y gritando: " Me estás destrozando la vida", y el típico... " me vas a matar a disgustos". Y al mentor diciendo... " Eres un sinvergüenza, no vas a sacar nada en claro en la vida" y esa típica pregunta retórica... " ¿Tu te crees que hay derecho a que el saco de pulgas se lleve este disgusto?" La imaginación me hizo brotar una sonrisa sarcástica. -¡Y encima se ríe! - exclamó el mentor- Y me soltó una bofetada tan sonora, y tan fuerte que mis orejas aplaudieron la acción. - Ya comenzaba a echar de menos estos gestos de cariño por su parte- dije intentando incorporarme del suelo- ¿ Se puede saber a que viene tanta preocupación por mi?. Creo que soy mayorcito como para pasar un día fuera de casa. El lobo corrió hacia mi con gesto triste y nervioso para ayudarme. Tomó mi cara entre sus manos y me preguntó: - ¿Estas bien?. - ¡Quita esas manos, llenas de roña, de mi cara! , ¡Saco de garrapatas! - Un momento... - interrumpió el mentor mirando mi cuello- Tapé las marcas que me había dejado la demoiselle, como un jovenzuelo que disimula un chupetón. El mentor miraba receloso... - Aparta la mano- me dijo- deja que vea que tienes ahí... - Nada. ¡Ah si! , bueno..., esto... que me he caído...- dije avergonzado- El enfado del mentor se fue transformando progresivamente en un ataque de risa que le obligó a sentarse en el suelo y apoyarse en la pared. - ¿Te has caído encima de los dientes de un vampiro?- dijo en medio del movimiento convulso- - Le podía haber pasado a cualquiera- me defendí, aun sabiendo que la causa estaba perdida- El lobo intervino. - Dari - me dijo- a ver si se te va a infectar, hijo. - Dejame que te explique una cosa, criadero de parásitos. Mi madre tenía menos pelo, menos pulgas, y menos mierda en las manos. Si se me infecta, será porque me has puesto las manazas encima. Me dirigí al mentor. - Ya sé que a usted es imposible que le muerda un vampiro , pues tendría que atravesar la capa de roña que conserva con celo en el cuello, y eso es imposible para unos colmillos de tamaño medio. Empiezo a sospechar que no se lava en defensa propia.
12월 12일 CRONICAS DE UN NOSFERATU XIXParís, invierno de 1834. El día se despide dejando coletazos de malvas y ocres para dar paso al reino de la noche en una ciudad que pareciera muere lentamente. Cerca de Belleville, la cola de la beneficencia en silencio meditado, asemeja un viacrucis de fantasmas que atraviesa la insolente niebla en dirección a las hogueras improvisadas que crepitan con apuro. En riguroso orden cuasi ceremonial recogen escudillas de sopa y mendrugo de pan escaso que calienta el cuerpo y enfría el hambre, o lo engaña, pero en ningún caso lo hace desaparecer. Aquel desfile de ánimas desarrapadas, de mirada vencida y huesos protuberantes, es la misma imagen del progreso, de la pestilencia de las calles, de la ciudad que se ensucia paulatinamente que gana metal y pierde vida. Que no perdona. El orondo dueño de una fábrica de telas estampadas, huérfano de intelecto, de piedad, y sobrado de prepotencia, sale de su reino con gesto decidido y andar impaciente en dirección a los proveedores del rancho para recriminar su presencia en las inmediaciones de su negocio. Quizá sabiéndose parte causante de esa situación, quizá porque cada golpe de escudilla le golpea la conciencia. Un monje enjuto, de edad imposible, cabello blanco en corte austero, y un mapa de signos de sufrimiento en el rostro, se dirige al omnipotente señor. Lleva la mirada baja, y emboza sus manos temblorosas entre las mangas del hábito de color pardo. Le habla del buen hacer y el buen pensar de un hombre cristiano de su posición y apela a su caridad, inútilmente. Eso no hace más que hinchar la panza de aquel pez gordo, tanto que pareciera que va a explotar de un momento a otro. Himplado de orgullo, al ver que los mortales han de rendirse y postrarse ante él como becerro de oro seboso, por el hecho de ser un industrial de prestigio, por haber amasado una cantidad indecente de riqueza que, según cree, le da crédito para comprar la vida o la muerte. Y eso le provoca un placer rayante en la lujuria que puede leerse en sus ojos. Yo dejo la escena, soy consciente de que no puedo combatir a esos nuevos ricos, de dineros fáciles y escrúpulos inexistentes. Son demasiados y sólo tengo dos colmillos. Paseo ausente por las calles. Pienso que podría ser más piadoso, alimentarme de seres humanos sin esperanza, y así evitarles sufrimientos terrenales. Decido que no, pues el desayunar nuevos ricos me proporciona el placer de la venganza, el placer de la justicia tomada por mi propia mano, ya que tomada por mano de la ley se vuelve ciega y truca su balanza. 12월 9일 CRONICAS DE UN NOSFERATU XVIII
Me detuve en el ultimo instante, cuando mis labios rozaban su cuello, en el momento justo de clavar los colmillos. No podía hacerle eso, no quería que se convirtiese en un ser como yo, condenada a una eterna búsqueda de sangre para alimentarse, para aplacar aquella sed que ardía en las entrañas. La besé en el cuello justo al lado de la yugular, y sentí el tacto de su piel suave, candente que respondía levantándose en minúsculas erupciones al contacto y emanaba aromas de ternura haciéndome sentir una paz para mi ya olvidada. Sentí vergüenza y me disculpé por el atrevimiento. - Oh mon cher - dijo con voz soñante- No sabía que fueras tan ardiente. Aquello no hizo mas que aumentar mi sonrojo, ya no era capaz de mirar directamente aquellos ojos sin sentir una punzada de arrepentimiento por haber estado a punto de convertirla en un ser maldito, de destruir el alma que poseía mi amada. - Mon tendre amour - me dijo- No estés triste, solo ha sido un arrebato inocente, mon cher, y por cierto, también muy dulce... Se acercó, me besó en los labios y lentamente fue tumbando mi cuerpo en el diván. Acompañe aquel movimiento, sin resistencia alguna, embriagado por su aroma, saboreando el gusto verde y denso que había dejado el vino en su aliento. Mi alma había sido hasta entonces como un páramo devastado , árido y frío que esperaba impaciente la llegada de una luz de esperanza aun sabiendo que nunca llegaría. Pero ella estaba llenando aquél vacío como una insurgente primavera. Sentí sus labios recorriendo mi cuello lentamente, sentí como su boca entreabierta dejaba en mi piel una sensación como si dos agujas... Un momento... ¿Dos agujas? Esto me suena a algo... Separé su cuerpo del mío con premura, me toqué el cuello y exclamé. - ¡No me lo puedo creer! - Tranquilo mon cher... dejate llevar - dijo intentando sofronizarme- - No querida, esas artes no funcionan conmigo - dije decepcionado- Además no lo haces bién , se nota que eres una nosferatu novata. 11월 22일 CRONICAS DE UN NOSFERATU XVII
El regreso al hogar fue de lo más impactante. Debido a mi tardanza, se habían puesto manos a la obra. El chucho yacía desparramado encima de la mesa del salón, y el mentor intentaba introducirle el dedo índice con toda la suavidad que podría tener una estocada. Supe en ese momento que nunca me recuperaría de aquella visión. Al percatarse de mi presencia, Antonio, sacó el indice de las partes oscuras del lobo, se dirigió a mi entre enfurecido y sofocado, apuntandome con el mismo dedo, que debía utilizar para todo... - ¡Has tardado mucho!. Eres un irresponsable, ya sabia yo que al final tendría que ocuparme yo de cuidar al perro. - Tranquilicese hombre -le dije- He buscado un método alternativo a la salvajada esa que le esta haciendo al pobre pulgoso. Y apunteme con otro dedo por favor. - A ver, iluminado. ¿Que idiotez se te ha ocurrido ahora? - Pues un remedio persa -le dije- .Ni que decir tiene que somos un pueblo mucho mas antiguo, más sabio, más refinado, y por supuesto mucho mas higiénico. Se trata de hojas de globularia y flores de saúco con efecto casi inmediato al ser ingeridas. Y por supuesto, la administración es mucho menos violenta. - Dudo mucho del resultado - dijo el mentor, resignándose - Pero pruebalo, ¿Que podemos perder?... Introduje el matojo de hierbas en las fauces del peludo, y el efecto no se hizo esperar. El saco de pulgas salió despavorido, como huyendo de si mismo, derrapando en las curvas. El laxante había sido un éxito. Después de la faena, el lobo vino a abrazarme como agradecimiento y yo salí corriendo mientras la risa del mentor resonaba en la casa. La tarde siguiente acudí a la cita con la demoiselle. Ella apareció de entre los campos de marzo, con una sonrisa radiante de esperanza. Se presento como Jeanne Lafontaine y de manera inusual en la época que vivíamos, tomó mi brazo y fuimos desentramando el halo misterioso que nos envolvía. Fueron muchos paseos al atardecer, en los que charlábamos animadamente y reiamos con vergonzosa alegría de lo cotidiano. Después, solía acompañarle a su casa y ella me despedía con un sugerente entornado de ojos y un "aurevoire,mon cher" de dulce picardía, dejando en mis manos el aroma de su perfume con la delicadeza de un pañuelo que se deja caer a modo de coquetería. Através de estos acontecimientos rutinarios, creo que me enamoré perdidamente de la demoiselle. No mordía con la voracidad que solía hacerlo y la sola imagen de ver comer al chucho se me antojaba vomitiva, Bueno... y antes también. Quise ser humano, contraer matrimonio, tener hijos, envejecer y morir a su lado. Una tarde de verano incipiente, Jeanne me invitó a entrar en su casa. Asentamos la conversación con una botella de vino de Bourdeaux . Ella bebió arduamente de su copa y señalando la mía me preguntó. "¿No bebes ,mon cher?". Creo recordar que le contesté algo así como... " Prefiero beber a morro". Y me abalancé sobre ella con la intención de convertirla en nosferatu. 11월 21일 CRONICAS DE UN NOSFERATU XVI
Imaginen los idus de marzo en el París canalla de 1834. La amalgama de colores sembrados, como un manto, en las afueras de la ciudad. El cielo pleno de granates y rojos anaranjados en el atardecer, tonalidades de azul intenso en las madrugadas. Todo aquél espectáculo nos lo brindaba la madre naturaleza como dando la bienvenida al renacer de la vida después del descanso invernal. El lobo llevaba estreñido varios días ( a ver si van a creer que iba yo a seguir por esta línea literaria de repollo con lacito rosa). El mentor preocupado por el estado de salud de la mascota, me propuso un remedio casero infalible que debía practicar su abuela materna para estos menesteres. Me llamó aparte y en voz queda me dijo. -Mi abuela solía untarse el dedo índice de aceite de oliva e introducirlo en la cavidad anal del estreñido. Tu que tienes el dedo más fino deberías... Le interrumpí. - ¿Debería que..? - Pues practicarselo al lobo- dijo con voz entrecortada- Ya me entiendes. - Ya entiendo - le mentí- Voy a buscar el aceite, no se preocupe. Huí, aunque con disimulo, claro. ¿Que culpa tenía yo de la ausencia de movilidad intestinal del pulgoso?. Seguro que había tragado una bola de pelo. Si es que ya sabía yo que esas pelambreras no eran saludables. Por no hablar de la dieta, si no se le detenía , se comía hasta su propio brazo. El caso es que tenía cariño al peludo así que busqué una solución alternativa. Paseaba por Port de Suffren, buscando hierbas purgantes, cuando apareció ella. En un momento pensé que me traían el desayuno, pero la luz de su rostro y la fragilidad de sus movimientos me detuvieron por completo y ya solo pude admirarla. Se acercó a mi, el corazón... no me latía ( soy un nosferatu ¿recuerdan?). Disimulé buscando ausente entre las hierbas. Hasta que sentí la calidez de su mirada , de su presencia y de todos los repollos con lazo antes mencionados. - Disculpe, señor...- me dijo- Intenté hacerme el sorprendido, pero el teatro nunca fue lo mío. - Mi señora... - saludé- - Usted disculpará mi atrevimiento, pero me ha llamado la atención el verle a usted recogiendo plantas. y me preguntaba si era usted un amante de la botánica. - La verdad es que si, es una de mis aficiones - le mentí- Si quieren le hubiera dicho la verdad... " No , es que soy un vampiro y el hombre lobo que tengo por mascota está estreñido y estoy recogiendo estas hierbas que al ingerirlas dan una cagalera de mil demonios, en vez de tenerle que introducir el dedo, pringado de aceite, por el culo" Ella me contó que heredó esa afición de su difunto padre. Que era extraño encontrar una persona que le gustasen las plantas y si no me parecía atrevido por su parte, podríamos vernos al día siguiente para hablar de este asunto que teníamos en común. Por supuesto acepté y prometí verla al atardecer en el mismo sitio, con una timidez extraña en mi pero aun así placentera. 8월 29일 CRONICAS DE UN NOSFERATU XV
Al anochecer del día siguiente, el mentor y yo esperábamos al saco de pulgas en las inmediaciones del palacio de justicia en Île de la Cité. Por si por un casual paseaba por ahí un abogado al que incarle el diente. Escuchamos un aullido aterrador que cortaba aquella noche invernal. - El chucho este no es lo que se dice discreto- dijo el mentor- - No se le puede pedir mucho a un perro salvaje - contesté indiferente- - No creo que haya sido buena idea eso de asociarnos con el- dijo el mentor preocupado- - No se raje ahora que me ha costado Dios y ayuda el conseguir un collar tan grande. Aquel engendro del averno apareció en escena intentando ser sigiloso. - Ahí está el chucho, Antonio. El lobo sorprendido me preguntó: - ¿Como se ha dado cuenta de mi presencia? - Hombre, verá. La verdad es que con el viento en contra y su falta de aseo, no ha sido difícil, por no hablar del gritito ese que se le ha escapado. - Usted sabrá disculparme, es que con luna llena me resulta casi imposible reprimir los aullidos. - Tranquilo Felpudo, pero la próxima vez chille un poco mas bajito. Mientras el mentor negociaba las condiciones de la asociación con el lobo. yo le tomaba medidas para hacerle una caseta. Y así, llegados a un acuerdo, procedimos a atacar a la primera víctima. El lobo tenía un olfato mucho mas fino que el nuestro, pero para los demás, supongo, puesto que si se oliese a si mismo con esa finura, acabaría con su estómago. Hallamos una pareja que cruzaba el pont St Michel, y acudimos raudos a desayunar. El pulgoso apretaba la laringe del señor con la zarpa, el mentor sofronizaba a la señora, yo aplaudía y me ponía la servilleta en el cuello, ¿Que iba a hacer si no?. La sangre del señor para mi, la de la señora para el mentor y para el chucho los huesos, claro. Fue una noche gloriosa pues descubrimos que el señor era un letrado de tente y no te menees. La única pega seguía siendo la alfombra con patas que hacía mucho ruido al comer, hablaba con la boca llena y lo ponía todo perdido. Iba a ser más difícil educarlo de lo que yo pensaba. 8월 27일 CRONICAS DE UN NOSFERATU XIV
París 22 de diciembre de 1833 Descubrí un taller de confección de prendas de vestir, en Rúe de Lappe, cerca de la Place de La Bastille. Los obreros trabajaban de sol a sol en beneficio de la empresa, por un sueldo miserable, que era recortado con familiaridad insultante cuando venían tiempos de vacas flacas con la escusa " se avecinan malos tiempos y hemos de apretarnos el cinturón", muy utilizada por los dueños de la pequeña corporación para recoger mas beneficios, aun en tiempos de hastío económico. Curiosamente, en épocas de vacas gordas, engordaba todo, salvo el jornal de los trabajadores. Después de la salida del ultimo esclavo, aguardé en la puerta el momento en que saliese el patrón para darme un festín por desayuno. Aquel hombre rechoncho salía cerrando meticulosamente la puerta, para asegurarse que los amigos de lo ajeno no diesen buena cuenta de sus propiedades, amasadas con la sangre y la esclavitud del prójimo. Le ataqué con la pasión que da la necesidad. Su sangre engordada de buenos potajes grasos, carne excelente y mejor vino, resultó un placer para mi famélico cuerpo vampirico. Terminado el manjar, me senté al lado del cuerpo de mi víctima, incapaz de moverme por causa del atracón. Cerré los ojos y cuando volví a abrirlos me encontré delante de un perro gigantesco que me dijo: - Disculpeme señor. ¿Es usted un vampiro? - Quita chucho- dije, tirándole una piedra- - Disculpe la corrección señor, no soy un perro, soy un hombre lobo que es distinto. - ¡Coño!- exclamé- un chucho que habla. Bien podía haber exclamado "caspita", "recorcholis" o algo parecido , pero dadas las circunstancias no creo que ninguno de ustedes, mis queridos lectores, puestos en mi situación, hubieran sido capaces de controlar la lengua aun a riesgo de parecer mal hablados. - ¿Un hombre lobo dice?, creo que eso es imposible, a no ser que su padre fuera un lobo, o quizá su madre fuera una loba, con todos los respetos. Ya decía yo que esto de la zoofilia no podía traer nada bueno. Bueno y ¿Que le trae por aquí señor saco de pulgas? -pregunté- Haciendo caso omiso de la ristra de insultos que le había regalado, aquél híbrido, me lanzó una proposición. - Verá usted, yo había pensado... - ¿Y piensa?. Eso si que es una sorpresa. - Quizá si es tan amable de no interrumpirme... - Y encima educado - dije en un intento inútil de sacarle de sus casillas-. Pero por favor prosiga... - Bien, pues le decía que había pensado en que usted y yo formáramos un equipo para cazar. Verá, con los tiempos que corren, es difícil para los dos el encontrar algo que llevarse a la boca. Así que si los dos cooperamos podremos conseguir más víctimas. Y teniendo en cuenta que usted solo ingiere la sangre y yo el cuerpo, no nos supondría ninguna perdida de derechos. - Así que lo que usted me propone es que le adopte como perro de caza y le de las sobras para comer. - No exactamente señor, se trata de una sociedad de igual a igual. - Si bueno... . Pero dejeme que lo consulte con el ataúd, y apartese un poco que me está poniendo la capa perdida de pelos. ¡Saco de pulgas!. Además, he de comprarle una correa y una caseta, y eso requiere su tiempo. Le haré saber mi decisión mañana al anochecer. - De acuerdo, señor. Hasta mañana entonces. Me alejé pensativo. ¿Sería una buena idea, tener una mascota?, ¿Le gustarían los perros al mentor?, ¿ Sería beneficiosa la asociación para nuestros intereses?. No lo sabía, pero lo que si me reconcomía las asadurillas era el haber encontrado un ser que no se molestaba con mis hachazos verbales. Seguro que ya estaba perdiendo facultades. La próxima víctima sería un abogado. CRONICAS DE UN NOSFERATU XIII
El invierno parisino comenzaba a dominar la rutina de los viandantes. El olor a leña de hogar invadía tímidamente las calles de los barrios opulentos, en contraste con las hogueras improvisadas de los barrios más desfavorecidos, donde el hambre se saciaba a golpe de escudilla de sopa caliente que proporcionaba la caridad. Era el inicio de la revolución industrial, del inteligente lema propuesto por el rey Luis Felipe "enrichissez-vous ", simulando la oportunidad de enriquecerse a todos los ciudadanos franceses. Época de progreso cuya aparición en escena, supuso una mayor diferencia entre las clases sociales, los pobres eran mas pobres y los ricos eran los que ayudaron a acceder al trono al rey mediante la revolución de julio de 1830 que acabo por derrocar a los conservadores borbónicos. En aquel París convulso, de monarquía constitucional, hambre, miseria y liberalismo, alimentarse de sangre con nutrientes esenciales se me antojaba poco menos que imposible. El populacho era ajeno a los cambios que se sucedían en la ciudad, ajeno al crecimiento lento pero constante de lo que se conocería después como "Corporación" , ajeno a la creación de ese monstruo artificial y de tendencias psicópatas que comenzaba su andadura por el mundo de forma sigilosa pero constante. Ajeno al principio de su esclavitud disfrazada de sociedad de bienestar. Y ahí estaba yo, en medio de aquellos tiempos cambiantes, merendando una prostituta vieja y mantecosa de sabor agrio , en un callejón cercano a Boulevard Magenta. Cuando, precedido de una humareda de azufre apareció un estraño ser, de cabello largo y mirada penetrante que interrumpiéndome en la practica del sagrado sacramento del condumio me dijo: - Postrate ante mi, como ser inferior que eres. Postrate ante el Maligno. Con sorpresa aterrada volví mi mirada hacia el y le dije: - Mire usted, ahora no tengo tiempo, se me va a enfriar la merienda. Luego quizá, si cambia usted de perfume y si no tengo nada mejor que hacer, hablamos. ¿ Que le parece ? - Pero.. ¿Tu quien te has creído que eres, payaso? - me dijo con el cuello lleno de venas como un cantaor de flamenco- - ¿No será usted de Venecia por un casual? .Es que su educación me es muy familiar. Y ahora si me permite , seguiré alimentándome. Gracias por su compañía pero alejesé, que ese olor de azufre me está revolviendo el estómago. - Definitivamente eres más tonto que un anuncio de compresas - Definitivamente es usted de Venecia, no hay más que ver el genio que gasta- le respondí- Por cierto, ¿Que significa "un anuncio de compresas"? - Lo sabrás dentro de un siglo y medio, insecto vampirico. ¿No ves que yo domino el espacio tiempo, y dimensiones que nunca llegarás a comprender en tu minúsculo entendimiento?. - Muy interesante- le dije- . Pero usted me sabrá disculpar, tengo una noche muy mala y no estoy para patrañas filosóficas. Así que con Dios... o con quien usted prefiera. Después de palmear el hombro de aquel ser, en tono amistoso. Me di la vuelta y lamentándome por la merienda fría, guié mis pasos hacia la salida del callejón. Apareció después del consiguiente humo delante de mi, interrumpiéndome el paso. - Que pesado es usted con el azufre, hombre. ¿Pero no ve que huele muy mal?. Hay mas formas de aparecerse y menos desagradables. Un día que tenga ganas le enseño. Aquel ser, puso los ojos en blanco al mas puro estilo mentor. y alejándose entre el humo gritó: - Menudos tiempos que corren , ya no se respeta ni al diablo. - En eso le doy la razón -dije aumentando la voz- Hay que ver la falta de educación que tiene la gente. 7월 16일 CRONICAS DE UN NOSFERATU XII
Anochecer del 16 de septiembre de 1833. Nos encontrábamos sentados en un banco publico enfrente de Pont des Arts. Habíamos atacado a una pareja de señores de alta alcurnia, lo que suponía un nutritivo desayuno. Señores pomposos, regordetes, con sombrero de copa y trajes impolutos, con un cierto olor agrio y rancio. Señores que dirigían con capricho la vida de un puñado de pobres miserables que trabajaban para ellos recibiendo a cambio un paupérrimo jornal insuficiente para sobrevivir. Con fuerzas renovadas y mejor humor, el mentor me propuso practicar el dominio de las condiciones climatológicas, y el uso de la magia. - Dariush, me dijo concentrado, observa a esa pareja que cruza el puente. Acto seguido colocó la palma de su diestra dirigida hacia ellos. El viento surgió desde su mano e hizo caer la peluca, el sombrero del señor y el tocado de la señora. Con la calva al descubierto, creyéndose humillado por la naturaleza, el intento de caballero recogió con fastidio el tocado, el sombrero y esa especie de rata blanca que colocaba en su cabeza para hacer creer al mundo que aun conservaba el pelo. Prosiguieron camino, sonrojados y mirando hacia los lados con disimulo y temor de haber sido vistos por alguien. El mentor con sonrisa de malignidad me dijo: - ¿Has visto como se hace?, solo tienes que pensar que el viento brota de tu mano, concentrate, se que puedes hacerlo. - La cara de estreñido esa que ha puesto ¿Es imprescindible?. - No imbecil, gruñó el mentor, solo limitate a concentrarte, nada mas. Serás payaso... Después de una corta espera, cruzaron el puente un matrimonio joven con un niño repelente de tirabuzones rubios y traje de marinerito montado en un biciclo. La señora otrora atractiva, daba signos de solemne aburrimiento agarrada sutilmente del brazo de su estirado marido. El, en cambio, parecía haber cumplido las expectativas de su vida, formando una familia "como Dios manda"y mostrándola con solemnidad agria a los transeúntes de la urbe, como si de un trofeo se tratase. Dirigí la palma de mi mano hacia ellos. Concentrado e imitando el gesto astringente del mentor, broto de mi mano una nube espesa de copos de nieve que frenó en seco el paseo familiar. - ¡Que bonito!, exclamé. Si parecen muñecos de nieve. En aquel instante, el supuesto dominio que ejercía sobre el pensamiento y la magia, hizo aparecer en mi mano una zanahoria. Corrí raudo hacia los muñecos de nieve y coloqué la hortaliza a modo de nariz en mitad de la cara del señor. La señora reaccionó, enseguida, y quitándose la nieve a manotazos impropios de su condición social, desenfundó la sombrilla y la incrustó en mi cabeza. Intenté huir, pero fue inútil. La señora me perseguía puente abajo asestandome paraguazos sin piedad, y brindándome los mas bajunos improperios, mientras las carcajadas del mentor resonaban en la noche. 6월 18일 CRONICAS DE UN NOSFERATU XICaía el verano cuando entrábamos en París. Posiblemente nos encontráramos a mediados de septiembre de 1833, lo que venía a ser, aproximadamente, el final del mes de Rabi' al-Akhir de 1249 en el calendario árabe. Habíamos dejado el camino sembrado de cadáveres, de ataúdes improvisados para descansar cuando despuntaba el amanecer, de largas y profundas conversaciones donde dejábamos ver, cada noche, un trocito más de nosotros hasta el punto en que comenzaba a encariñarme de ese ser ya despojado de la armadura emocionál que parecía cubrirle. Cada noche acostumbraba leerle en voz alta, y en una traducción casi exacta del persa al francés los poemas de Omar Kharyyam, recogidos en un librito que guardaba siempre conmigo y que constituía el único recuerdo que aún conservaba de mi madre. Mi mentor había oído hablar del poeta en uno de los viajes que hizo con su padre hacia Ishpahan por motivos de comercio. Y el oirlos traducidos supuso para él una gran satisfacción y una mejor manera de conocerme. A veces me hacía releer el poema numero cuatro del Rubaiyat. " Procede en forma tal que tu prójimo no se sienta humillado con tu sabiduría Dominate, dominate Jamás te abandones a la ira. Si quieres conquistar la paz definitiva, sonríe al destino que se ensaña contigo y nunca te ensañes con nadie." En aquel tiempo, se me ocurrió modificar la frase " La música amansa a las fieras" para ajustarla a la nueva situación y decir " La poesía atonta a los mentores". Y fue al pensarla en voz alta, que recibí una serie de manotazos dignos del mejor boxeador de la historia. Entrábamos en París. Una amalgama de olores y colores sugerentes hacían su presencia en aquella noche. A la orilla del Sena las parejas buscaban amor furtivo, para encontrarlo entre jadeos silenciosos, y murmullos de palabras prohibidas envueltas en el frescor de la hierba. En ese momento fui testigo de como la noche actuaba de aliada del pecado que latía en en corazón de los hombres. En la plaza de la opera, un violinista interpretaba de manera sublime la chaconne en sol menor de Vitali. Al momento, quedé prendado de la melodía, y mi cabeza, en el éxtasis que me producía la audición, comenzó a pensar que el contagio que sufría del estado de animo de mis víctimas, pudiera hacer su efecto al morder al violinista y así conseguir interpretar esa obra de la misma manera. El mentor pareció leerme el pensamiento y me dijo: - Dariush, ten cuidado a quien muerdes que ya sabes lo que ocurre después. - No creo que me haga ningún daño morder a un músico - le dije ensimismado en mis pensamientos- Me acerqué. La interpretación llegaba a su punto más álgido. El violinista, parecía en estado de sofronación vandeandose de un lado al otro como una vela movida por la brisa del mar. Al no tener monedas que ofrecerle, le dejé una de las cruces que había recaudado en Nancy. Pareció mirarme un instante. Me situé a su espalda sigilosamente y ataqué. La sangre agridulce salía de su cuerpo lentamente, mientras dejaba caer el violín con movimiento de adagio. Recogí el violín del suelo y me dispuse a tocar con nerviosismo de principiante. Al pasar el arco por las cuerdas, el instrumento emitió un sonido quejumbroso, estridente e insoportable. Cuanto más intentaba tocar, peor sonaba. Una manada de gatos surgió de las calles adyacentes maullando de manera estrepitosa y me rodearon. Yo no dejaba de intentar tocar, los gatos no paraban de maullar, y el mentor tirado en el suelo, aferrándose el estómago, no paraba de reír. 5월 23일 CRONICAS DE UN NOSFERATU X- No me diga más, desde entonces no se lava en señal de luto, porque la roña que arrastra es histórica, casi diría yo que para estudio arqueológico. Podría asegurar que si alguien escarbase en ella encontraría jarrones romanos. La caricia me lanzó del carromato para hacerme caer en desorden dos metros mas allá. - No se ponga así, hombre, dije sacudiendome la tierra de la capa. Si solo era para quitar hierro al asunto, me emociona verle tan humano, tan sentimentál. Me tendió su mano, para ayudarme a subir otra vez al carro, y con un intento de sonrisa que más bien parecía una emocional mueca grotesca, me preguntó... - ¿Tu vida como era antes de este estado? Me temía la pregunta, pero aun así me armé de valor y le conteste: - Mi vida... . Bueno digamos que no fue nunca nada fácil, me temo. Mi nombre real fue Dariush Leishtar. Mi padre y mi madre eran persas. Llegaron a Nancy, con una caravana circense, cuando yo era muy pequeño e hicieron el engaño de registrarme en la ciudad como si hubiera nacido allí. Creían que tendría menos problemas. Se equivocaron. - ¿Un circo? Ya decía yo que las payasadas debían salir de alguna parte, dijo el mentor aprovechando el momento. Proseguí el relato, con la pequeña satisfacción de haberle dado una revancha. - Como le decía... . Al inscribirme, debieron juntarse muchos factores. Mi padre no hablaba nada bien el francés y el funcionario debía ser un poco sordo. El caso es que, el resultado de la operación es el nombre que ahora tengo, Jean Marie Lestat. Me crié en el Islam sufí como religión, aunque siempre hiciese la pantomima de acudir a la liturgia cristiana todos los domingos. Mi piel oscura, el pelo negro y rizado me delataban como proveniente de otro mundo totalmente desconocido para mis vecinos. Si a eso juntamos que la excesiva higiene que me hacía mantener mi madre, contrastaba con el defecto de esta que tenían los cristianos, pues el pasar desapercibido se convertía en una tarea harto difícil. A edad temprana mi padre negoció con un carpintero el que yo fuera su aprendiz, y así poder labrarme el futuro en un oficio rentable. Todo fue bien hasta que llegó el momento de convertirme en maestro de carpintería. Ya tenía los conocimientos suficientes para ello, pero, los componentes del gremio se negaban a aceptar que un individuo con sangre infiel se codease con ellos en su mismo oficio, así que me condenaron al ostracismo puro y duro. Consternado me dedique a vagar, sin ningún ingreso económico. Intenté ganarme el jornal en el campo, pero aquello no duró mucho. No tuve más remedio que robar para comer y para llenar mi cuerpo de vino intentando olvidar mi situación. Fue una tarde de tantas al salir de la taberna donde usted se cruzó en mi camino. El resto de la historia ya la conoce. CRONICAS DE UN NOSFERATU IXHabía pasado al menos un mes desde el desafortunado ataque al catecúmeno de Saint Vincent. Yo ya había perdido la noción de los días. Posiblemente nos encontráramos en la madrugada del 20 de Julio de 1833, sentados en el borde de una carreta mortuoria cerca del cementerio de Bétheniville, una pequeña población de camino a Reims. El mentor, había decidido que debíamos instalarnos en París. Allí, según el, resultaría sencillo camuflarnos entre la población, además de tener una gran variedad en el menú. Sangre de todas las razas humanas conocidas poblaban esa inmensa urbe, galante de progreso, estandarte de la Europa de nuestro tiempo. Fue en la mitad de la inmensidad de la madrugada donde mi mentor, comenzó a relatar la historia de su vida. Observando el infinito y con voz raída por la nostalgia, soñante, casi humana me confesó: - Mi nombre es Antonio Laface, nací en la esplendorosa Venezia de 1563. Mi familia era relativamente acomodada, ya que mi padre llevaba a cabo negocios fructíferos con especias de oriente, aceites y seda natural. - ¿Y jabón? Me dirigió una mirada fulgurante que me hubiera matado de no ser inmortal. Después de un breve silencio, prosiguió con la historia . - Mi madre estaba emparentada directamente con el Dux, mi familia era respetada en toda la ciudad-estado, por su estatus social y económico. Mi padre pacientemente, me enseñó el oficio de mercader y desde una temprana edad comencé a acompañarle en las rutas comerciales . En unos años, aprendí donde debía comprar y vender los productos, cuando debía regatear los precios. Que especias eran las más cotizadas. Reconozco que me gustaba parecerme a mi progenitor, compartir tiempo, conversaciones y vivencias con el. Muy pocos jóvenes de mi época tenían la oportunidad de ser aprendices de sus familiares. Una noche de mayo de 1593, nos hallábamos acampados en las inmediaciones de Bucuresti en Rumania. Me alejé del campamento, para pasear por el bosque. Hacía una noche espléndida. Ensimismado en mis pensamientos, me sorprendió el futuro, la eterna condena, cuando menos lo esperaba. Al amparo de la oscuridad, surgió aquel ser, me sumió en un extraño estado en el cuál solo podía obedecer su voz, lo que más tarde, conocería como sofronación. Succionó mi liquido vital y me hizo la pregunta que yo mismo te hice a ti. " ¿Quieres beber de mi, o prefieres morir?" Yo no sabía el significado, pero me encontraba al borde de la muerte, así lo sentía. Era joven, no quería morir. Solo quería seguir haciendo mi vida, los viajes al lado de mi padre, el regreso al hogar, cuidar de mi perro. Bebí su sangre, para vivir. Y me condené a esto. Supe desde ese instante que nada volvería a ser iguál.
Una lágrima asomaba de los ojos del mentor. Me habló durante horas de su perro, la bondad de su madre, y el abrazo que siempre le daba al regresar a casa de un largo viaje. De los árboles de su jardín, de su vida inacabada. 5월 12일 CRONICAS DE UN NOSFERATU VIIIA la noche siguiente con la amnesia que produce la ingesta masiva de sangre adulterada, me incorporé del ataúd. Un sonoro tortazo me volvió a echar. Era, como imaginareis, mi mentor que mostraba así su preocupación por los acontecimientos de la noche anterior. -¿Sabes a quien has mordido imbecil? - Pues mire no recuerdo muy bien, pero seguro que usted tiene a bien iluminarme al respecto. Volvió los ojos y con un gesto de rabia contenida me dijo: - Al cura de Saint Vincent, idiota de ahí que saliese esa chusma a lincharte.Y tu cantando la marsellesa como si fuera un juego. Menos mal que estaba yo vigilando tus movimientos, que sino, no se como podías haber terminado. -¿El cura?, ese señor que salía del prostíbulo borracho como un piojo. ¿Era el cura?. Hay que ver como esta el clero- dije reincorporándose- El es el catecúmeno y yo el energúmeno, jajajaja. El siguiente bofetón no me lo esperaba. Me hizo caer a plomo sobre el maltrecho intento de ataúd, que se partió a la mitad. Me dirigí al mentor ya cansado de tantos golpes - ¿Le divierte el jueguecito?. A este paso no me termino de levantar nunca, hombre, que ya es usted mayorcito como para andar con esas bromas, además no se si se habrá dado cuenta pero duele. ¡Con la cantidad de idiomas que hay y tiene usted que recurrir al mismo!. Si ya me lo decía mi madre que no me juntase con sujetos de baja condición, que no traen más que problemas. Indignado, harto, con los ojos inyectados en sangre, el mentor se alejó del lugar. Seguí sus pasos diciendole: - ¿A donde va?, ¿Pero no ve que es la hora del desayuno?, ni me ha traído el café y el croissant al ataúd. ¿Y así me quiere conquistar? Pues lo lleva claro. Le perdí de vista. Resignado me fui en busca de un incauto al que morder, pues ya la sed comenzaba a apremiar. A lo lejos, en la mitad del Pont des morts, descubrí a un individuo joven asomado mirando al río, y me dirigí a el. Aprovechando que mis pasos no sonaban en el asfalto me coloqué a su espalda y le pregunté. -¿Que hace buen hombre? ¿Se le ha caído algo? El joven volvió la cara hacia mi y con la mirada perdida me dijo: - Dejeme, quiero morir, la vida no es mas que un camino de sufrimiento. Mi amada me ha dejado, no soporto mi pesar. He de acabar con mi vida, aquí y ahora. -Tranquilo, no se preocupe, le dije mientras miraba ansioso su yugular que estaba diciendo "muerdeme". No pierda la calma, eso lo arreglo yo en un momento. De inmediato me lancé a su cuello, su sangre amarga invadió mi boca. Mientras el supuesto suicida intentaba forcejear conmigo para salvar la vida. Sacie la sed que me quemaba, pero un sentimiento de pesar profundo invadió mi ser . La vida es una mierda, pensé, he de acabar con este calvario. Y acto seguido me tiré por el puente. Caí en una roca, el costalazo fue de de "pèr, mèr, fille, fils et saint esprit"*. Resignado decidí volver a tirarme. Y así una y otra vez. Hasta que mi mentor apareció en la oscuridad de la noche para decir... - Definitivamente eres tonto de solemnidad.
* Padre, madre, hijo, hija y espíritu santo 5월 4일 CRONICAS DE UN NOSFERATU VIIEn la medianoche del 18 de junio llegamos a Metz. Nos instalamos en una casona abandonada en Rue Belle Isle esquina con Pont des Morts. Cerca de las islas que caprichosamente rodea el río Moussel a su paso por la ciudad. Improvisamos dos ataúdes con restos de madera para cubrirnos al alba, y salimos sigilosamente a buscar alimento. Transitamos serenos como la noche por el pequeño bosque de la Ile du Saulcy, donde los vagabundos dormitaban aferrados a la "bonbonne du vin" como si la botella fuera la única tabla de salvación en el naufragio de su vida. Alimentarnos de estos seres, para nosotros, supuso una forma fácil de sobrevivir, ya que en el estado en que se encontraban habitualmente no oponían resistencia alguna. Al morir nadie les echaba en falta, no había investigación en la prefectura sobre las causas de la muerte, ni en la iglesia al estar previamente demonizados. Eran los despojos de la tierra, desperdicios que sutilmente producía la sociedad. La noche del 20 de junio sorprendimos a uno de los habituales del bosque, durmiendo plácidamente apoyado en un sauce. El mentor adivinando mis intenciones de atacar al pobre diablo, me detuvo diciendome: - ¡Cuidado! Jean Marie, este hombre esta en un estado de embriaguez considerable. Bebe, pero con moderación. No vayamos a tener un disgusto. Haciendo caso omiso de las advertencias , clavé mis colmillos en el cuello de aquél desgraciado, sintiendo que cuanto más bebía de el mas quería seguir haciéndolo. Cuando hube terminado, me incorporé aturdido, aunque contento. Una extraña sensación similar a cuando ingería vino siendo mortal, invadió mi mente. Tenía ganas de cantar, de seguir bebiendo ese tipo de sangre. Y salí calle arriba por la Rue Saint Marcel dando tumbos. De un prostíbulo cercano a la iglesia de Saint Vincent, salía un hombre mucho mas ebrio que yo. No lo pensé dos veces y lo ataqué despiadadamente. La vista se me nubló, la euforia era mucho mas ostensible, me sentía mas alegre al beber de ese hombre, y mas inestable. De la oscuridad de la noche , salió una turba de gente portando cruces y mosquetones. Y me persiguieron calle abajo mientras yo bailaba y les cantaba... Aux armes, citoyens ! Formez vos bataillons ! Marchons, marchons ! Qu'un sang impur... Abreuve nos sillons ! *
4월 28일 CRONICAS DE UN NOSFERATU VIBuscando refugio contra el amanecer de aquel 14 de junio de 1832, lo hallamos en un cobertizo abandonado cerca de Pont a Mousson de camino a Metz. La penumbra se disipaba rápidamente para dar paso a la luz cegadora. Improvisamos un lecho con la urgencia de sobrevivir y cercanos el uno al otro esperamos la llegada de la tiniebla. Llegó el anochecer, salí de aquél letargo temporal y me incorporé aturdido. Me dirigí a mi mentor que despertaba en aquel mismo instante y le dije: - No lo entiendo. - ¿Que es lo que no entiendes? - preguntó con resignación- - Muy sencillo - le dije- . Lo que no alcanzo a comprender es, como no nos han localizado, con los ronquidos que estaba usted emitiendo. ¡Mon Dieu !, si no he podido pegar ojo en todo el día. Si parece que estuviera en una serrería. ¿Sabe hacer algo con las orejas?. Si es que lo tiene todo, hombre. Menudo galán esta usted hecho. - ¡Calla imbecil!. Y sigueme, vamos a buscar algún humano que apague nuestra sed. Y haz el favor de cerrar esa bocaza, sino quieres que te la cierre a bofetones. Ya estoy harto de tus bufonadas. Al amparo de las sombras, atacamos a dos pobres labriegos que regresaban a su hogar. Sentí como el deseado sabor cobrizo de la sangre , calmaba el ardor que sentía dentro de mi. Me incorporé y vi la escena. Me sentí despreciable. Aquellos pobres incautos tendidos en el suelo, de manos callosas por el duro trabajo, rostro curtido por el sol y las inclemencias del tiempo, yacían muertos. Finalizaba así una vida de sufrimiento, pero con un componente que yo nunca conseguiría poseer en toda una eternidad de condena. Un hogar y alguien que llorase mi muerte. 4월 17일 CRONICAS DE UN NOSFERATU VArropando y repartiendo sus temores, la procesión pseudoeclesiastica, comenzaba la batida por el bosque, con el fin de encontrarme. Corriendo entre los árboles al amparo de la noche, huía de mis perseguidores. Un lobo de ojos inyectados en sangre se interpuso en mi huida, mostrándome la dentadura en forma amenazante. Era mi mentor. - Quita chucho- le dije- El retomó la forma humana para ofrecerme, un camino de salida y el consiguiente tortazo que comenzaba a ser habitual. - Le ha cogido usted el gustillo -le reproché frotándome la mejilla- - Calla y escucha atentamente. Ahora tienes la capacidad de cambiar de forma, al igual que me has visto hacer a mi. Intenta convertirte en lobo. Tu subconsciente sabe como hacerlo, ya estas preparado. En un instante cambié mi forma, pero supuse que algo había hecho mal, pues el resultado distaba mucho de mi intención. Me había convertido en una manada de ratas. - Ahora me he desarmado- le dije a coro como un orfeón- Deme un poco de ese queso que guarda en las botas. Me llega el olor o mas bien nos llega el olor hasta aquí. Parece roquefort , ¿de donde lo ha sacado? - Deja de decir tonterías , imbecil, no tengo ningún queso en las botas -Vaya, entonces es otra vez su falta de higiene. Pero, ¿no le he dicho que se lavase?. Hombre , ya esta bien , entre los tortazos y los olores me tiene usted contento, vaya. -Callate - me repuso con rabia contenida- . Ahora, intenta convertirte en murciélago, es la forma mas fácil, Escucha tu interior. En pocos instantes conseguí la forma deseada. Y nos dispusimos a huir de nuestros perseguidores, en un vuelo vertiginoso atraves de la penumbra y el frondoso bosque. Lo dominaba a la perfección, el vuelo era una sensación de libertad indescriptible. Volví la cabeza a mi mentor que volaba a poca distancia de mi, y creí adivinar una sonrisa de satisfacción en su mirada, que comenzaba a hacerse mas evidente cada vez, hasta que aquel árbol apareció de repente, y di con mis huesos en el. Luego entonces comprendí que la sonrisa era una carcajada. 4월 11일 CRONICAS DE UN NOSFERATU IVEl atardecer del 13 de junio me sorprendió encaramado al campanario de la iglesia. Desde una nueva existencia y una nueva percepción de la ciudad, veía caminar de regreso a casa a la gente, imaginaba la vida de cada uno de ellos, tan igual a mi vida anterior y tan radicalmente diferente a la actual. Sentí una sed que me ardía en el alma, y decidí ir en busca de alimento. Bajé del campanario y me oculté en una esquina de un callejón cercano y poco transitado. Con la oscuridad y el sigilo como aliados me aposté a la espera de la próxima víctima. Georges el herrero tuvo la desfortuna de ser la primera persona en pasar por las inmediaciones. Me lancé como un hurón y le sorprendí de espaldas, indefenso. Utilicé la técnica, por primera vez, que había aprendido de mi mentor. El bofetón. El herrero tuvo a bien regalarme otro, y así estuvimos un rato intercambiando caricias a cada cuál mas amorosa. Hasta que desistí en el intento. Y salí huyendo entre las sombras. Georges dio la voz de alarma a la población, que desde el día anterior, sospechaba de la anemia ocasionada al molinero, y salieron en pos de mi. A cada paso que daba en la oscuridad, surgía un incauto mostrándome una cruz con el brazo extendido y diciendo palabras en latín que yo no entendía pero bien interprete como "te la regalo". Me gustaba el jueguecito, pero a la trigésima cruz, ya comenzó a cansarme y a pesarme en la bolsa. El trigésimo primero me mostró una cruz de no mucho valor y me dijo la ya repetitiva frase: - ¡Vade Retro! - Gracias, pero... ¿no tienes otra cosa? El individuo tembloroso me mostró con la otra mano una ristra de ajos. - No eso no, gracias, prefiero la cruz- le dije, resignado- De la nada, salió una procesión de señores con sotana, que portaban cruces mas grandes, y hablaban en latín. Querían clavarme estacas, cortarme la cabeza, quemarme y no se que otras cosas mas. Evidentemente y con toda educación rechacé la oferta y me dispuse a huir de la ciudad, pues ya estaba harto de que me calasen con agua bendita, me regalasen cruces, y me amenazasen impúdicamente. En la salida de la ciudad, en el camino, oculto en las sombras, me esperaba mi mentor. -Mira que no se te puede dejar solo - me dijo con rabia- -Si, lo se, pero que me dice de la cantidad de cruces que he conseguido, esto en el mercado negro es un dinero, no se crea usted. Me dio un guantazo sobaquero de los que hacen época que me tiro al suelo con las cruces y los huesos esparcidos por la tierra. - Ahora entre el agua que me han echado y la tierra parezco una croqueta- le dije- Vi como aquel ser se alejaba esputándo palabras en un idioma ininteligible, como nubarrones de tempestad. Como si toda la fuerza de la naturaleza explotase en cada palabra. 4월 2일 CRONICAS DE UN NOSFERATU IIIEl siguiente paso a seguir según mi mentor , era buscar la víctima apropiada para iniciarme en la cacería, actividad que me reportaría el alimento necesario para mi nueva existencia. El pobre incauto que apareció primero fue Pierre , el molinero , un hombre feo cheposo, que olía como una manada de puercos rebozados en estiercol. El mentor me miró fijamente y me dijo : -Este es tu inicio, aquí empieza tu bautismo de sangre, usa la técnica de sofronación que has adquirido, Adelante. - Vaya hombre -respondí con aire de resignación- No había otro, ha ido a escoger al mas feo , al mas deforme, al que peor huele .Pero ¿que le he hecho yo a usted? -Adelante, no pierdas mas el tiempo, es el único que hay ahora , no empieces con tus remilgos. Se me acaba la paciencia. - Si no es por nada, pero mire , este individuo entra en misa mientras cantan "El Señor hizo en mi maravillas",y él responde, "y conmigo experimentos". El bofetón que me donó desinteresadamente se hizo oír en toda la calle. Caí en la cuenta que debía hacer caso a ese ser siniestro, a la vez que caí en el suelo de forma tan estrepitosa que debieron sentirlo todos mis antepasados. Me dispuse a atacar al pobre Pierre. Me oculté en la esquina del callejón, para sorprenderle al paso. Y salí raudo a su encuentro. - Hombre , Jean Marie, cuanto tiempo sin verte- dijo el molinero- - Mirame a los ojos- le ordené- - Que ocurre Jean, ¿se te ha metido algo?, espera que te mire . Parece que no tienes nada- dijo retorciendome la cara y abriendo mis párpados desmesuradamente- Lavate con agua de manzanilla verás como se calma. Volví la cabeza a mi mentor y le dije: - Así no se puede, hombre , esto no es serio. El mentor, apareció entre las sombras con sigilo etéreo, levantó la mano diestra, y acto seguido el pobre molinero cayó al suelo sumido en un profundo sueño. Volviéndose hacia mi me ordenó: - Dejate llevar por el instinto Ni corto ni perezoso, me tiré encima del cuerpo de Pierre, y le robé la bolsa del dinero y dos anillos de oro que llevaba en la mano izquierda. El mentor puso los ojos en blanco y me gritó: -¡El otro instinto imbecil! - Pues especifique hombre, que soy novato Mordí el cuello de aquel pobre desgraciado, la sangre me llenó la boca de un sabor cobrizo,y salado. Sentía renacer mis instintos animales mas salvajes y mas profundos. Sentí el capón en la cabeza que me dio aquel ser extraño diciendo. -Ya basta glotón. |
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